Viaje al interior de una gota de sangre por Josep Avski

julio 17, 2017

Por Josep Avski*, en Crónica del Quindío 


En Casablanca la bella [Fernando Vallejo] escribe “No discriminen que la muerte iguala”. Viaje al interior de una gota de sangre es una novela sobre la muerte que iguala. Pero vamos por partes.

Contextualicemos primero. Viaje al interior de una gota de sangre de Daniel Ferreira (San Vicente de Chucurí, Santander, 1981) obtuvo el Premio Latinoamericano de Novela Alba Narrativa en 2011 y fue publicada por la editorial cubana Arte y literatura en 2012. En Colombia fue editada hasta 2017 por Alfaguara. Es la segunda novela de la pentalogía que prepara Ferreira sobre la violencia en Colombia. La primera novela de este proyecto se titula La balada de los bandoleros baladíes y recibió el Premio Latinoamericano de Primera Novela Sergio Galindo en 2010. La tercera de esta pentalogía, titulada La rebelión de los oficios inútiles, obtuvo el Premio Clarín de Novela en 2014 y visibilizó la obra de Ferreira en Colombia.

En cuanto a la estructura: Viaje al interior de una gota de sangre está compuesta por 8 capítulos, a su vez segmentados en secciones no numeradas. Los fragmentos marcan cambios en el tiempo y en el espacio, de manera que cada capítulo relata la vida de uno o varios personajes. La narración de todos los personajes tiene en común el aliento malsano de la huesuda. Bien sean por sus abuelos, sus padres o sus propias circunstancias, los personajes han sido tocados por el dedo terrible de la violencia. Todas las narrativas se juntan en una masacre en un pequeño pueblo colombiano, que constituye el evento central de la novela. El relato les da voz a las víctimas del exterminio, revela sus historias, sus pasiones, y la intrincada geometría de los acontecimientos que los llevan a estar en el lugar y el tiempo de la masacre.

Como decía antes, Fernando Vallejo declara que la muerte es la única que iguala razas, credos, clases sociales, sexos. Allí nos encontramos todos y allí se borran todas nuestras diferencias. La muerte vuelve a todos iguales, sin atributos, sin individualidad. Esta novela hace todo lo contrario con las víctimas de la masacre; las arrebata del reino de la muerte, no porque les devuelva la vida sino porque a través de la narración de sus historias les restituye la complejidad, los matices, la individualidad de la que carecen en el reino de la Blanca señora. Como en la vida real en Viaje al interior de una gota de sangre son las minorías las más vulnerables a la violencia. Mujeres, niños, minorías étnicas, miembros de la comunidad Lbgti son más visibles y más indefensos ante el abuso del terror. Nada ratifica tanto la presencia de la vida como la diferencia, en consecuencia nada ofende tanto a los ministros de la muerte como la variedad.

En Viaje al interior de una gota de sangre son los victimarios los que en realidad pertenecen al reino de la muerte. Son ellos (o ellas) los que por más vivos que estén no pueden ser arrancados del señorío de las sombras. Han sido despojados de la característica principal de los vivos: la individualidad, los matices, las diferencias. En la novela no tienen más rostro que un pasamontañas y su cercanía con la Parca los ha puesto del lado del silencio. Sólo uno de ellos adquiere, momentáneamente, un rostro; y lo consigue precisamente porque le perdona la vida a otro personaje, porque pasa transitoriamente del ministerio de la muerte al ministerio de la vida.


Decía Nietzsche que quien con monstruos lucha debe cuidar no convertirse en monstruo, porque cuando se mira largo tiempo al abismo, el abismo también mira devuelta. Esta puede ser la conclusión a la que se llega después de leer Viaje al interior de una gota de sangre: están muertos quienes comercian con la muerte, así vivan, porque han mirado tanto tiempo los ojos de la Huesuda que ésta los ha vaciado por dentro; están vivos quienes comercian con la diferencia, así sean masacrados.


Joseph Avski*, escritor colombiano.

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