Lo que nos recuerda Rebelión de los oficios inútiles

mayo 12, 2016

Por Julián Mauricio Pérez G.* | Periódico 15, Bucaramanga, Unab
jperez135@unab.edu.co 


Este texto comienza cuando uno termina de leer “Rebelión de los oficios inútiles” y se queda pensando en el pasado como en una herida que todavía sangra a borbotones, y se imagina hasta dónde puede llegar la violencia y la barbarie de la especie humana, y se recuerda que algún conocido a muerto porque pensó diferente, porque iba en contra del statuo quo o porque en este país, siempre, alguien está dispuesto a matar a otro por dinero, por tierra o por venganza. Este texto comienza cuando uno termina de leer esta novela de Daniel Ferreira y descubre que la tierra vale más que la vida, que la tierra es dinero y que el dinero es poder; y quien posee tierra, dinero y poder es capaz de los peores vejámenes con tal de tener más y más. Publicada por la editorial Alfaguara en septiembre de 2015, “Rebelión de los oficios inútiles” es una novela que narra la lucha violenta entre un grupo de campesinos, la “fuerza pública” y un terrateniente.

Esto ocurre cuando el grupo decide tomarse una tierra baldía en la que el terrateniente Simón Alemán desea construir un condominio. En casi trescientas páginas, la novela nos presenta una historia en la cual los campesinos sufren el destierro social, la discriminación humana y la avaricia “progresista” de los años setenta. Con una poderosa voz, Ferreira nos lleva a un pasado cada vez más reciente para hacernos reflexionar sobre nuestras acciones diarias, la igualdad social y el medio y los fines de aquello que hemos llamado desde hace varios años “el progreso”. En esta obra, las acciones de los personajes están motivadas por la confrontación entre intereses particulares y comunitarios.

Los campesinos luchan por tener un lugar dónde vivir con sus familias, dónde soportar con menos indignación el hambre y la iniquidad; mientras otros pocos viven entre la indolencia, el desprecio y la ostentación. Sin embargo, el poder de la novela no está en estos hechos, sino en cómo el novelista construye la historia, cómo nos conduce por caminos diversos y distintos. A la hora de fabular, el escritor presenta un sinnúmero de recursos narrativos que llevan al lector a arrebato de los mismos personajes.

Quizá, con un estilo incansable y potente como el de Céline o Mc- Cullers y con una manera desnuda y cruel de describir las acciones y los pensamientos humanos como lo hacen Capote y Bukowsky, estamos frente a una de las jóvenes voces más inquietantes y esperanzadoras de la literatura colombiana. Escrita durante casi siete años, esta obra fue ganadora en el 2014 del Premio Clarín de Novela en Argentina. Uno de los jurados del premio, Sylvia Iparraguirre, afirmó que “es una gran novela latinoamericana, polifónica, que se dispara a partir de unas elecciones fraudulentas en abril de 1970 en Colombia y que logra una prosa que hace mucho tiempo no leía”.

Sin duda alguna, aquellos lectores curiosos que se acerquen a esta conmovedora historia evidenciarán el acierto de estas palabras y, además, entenderán por qué hasta ahora se habla del premio que ha obtenido. Aceptarán que la novela habla por sí misma del talento de Ferreira como constructor o fabulador de historias, de su ingenio para contarnos algo muy humano y natural: la lucha a muerte por la propiedad de la tierra.

En varias entrevistas el novelista santandereano ha dicho que “la única obligación de un escritor es recordar”; y para recordar hay que leer, investigar, ser un sabueso de la historia, olfatear en aquellos lugares recónditos que son difíciles de percibir. Esto nos permite reconocer que Ferreira, además de ser escritor, es un gran lector de nuestra historia. Por esta razón, este texto termina cuando empezamos a recordar que aquello que nos cuenta Ferreira se parece mucho a nuestra realidad, a la que sabemos que otros viven, a la que intentamos olvidar para no hacer nada.

*Docente del Programa de Literatura Virtual, UNAB.

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