La mejores letras de Daniel Ferreira, en El Espectador

marzo 05, 2015


Entrevista por Jorge Consuegra /El Espectador, sección Un chat con / Libros y letras

Daniel Ferreira es santandereano, escritor, bloguero y cronista amante de la literatura y la poesía. Desde hace cinco años es colaborador de El Magazin de El Espectador. /

¿Cuánto tiempo duró en el proceso de redacción de ‘Rebelión de los oficios inútiles’?

La escribí en 2007, en un arrebato de escritura febril. Escribí enlazando las historias que había investigado en un archivo de historia regional y que completé con testimonios que me habían contado, años atrás, sobre una toma de tierras acaecida en 1969. La escribí por temor a que esas historias se me olvidaran.

Cuando terminó la escritura de la novela, ¿tenía la ilusión de ganar un concurso con ella?

Tenía la ilusión de que alguien la leyera, de que alguien me dijera honradamente si me había equivocado, de tema, de tono, de estilo, o si había logrado organizar una narración creíble sobre un episodio minúsculo y olvidado de una época que no viví. Pero la guardé y seguí corrigiéndola unos años más. Siete, porque escribir consiste en esperar.

¿Por qué resolvió escribir sobre un fragmento de la violencia en Colombia?

Porque la única obligación de un escritor es recordar más que los demás.

¿Por qué cree que el jurado argentino resolvió premiar su novela?

No creo que haya temas con nacionalidad. Seremos sociedades distintas por la cultura, por los orígenes, pero compartimos muchas similitudes en lo que concierne a abismos de clase.

¿Su novela es un acto de reflexión sobre lo años aciagos que vivimos en Colombia?

No lo sé. No escribo una historia documentada de la violencia. Tampoco me interesa una transposición de la realidad. Un periodista toma un hecho y lo sintetiza para informar. Un escritor toma un hecho y lo expande para explorar toda la complejidad.

¿Ha pensado en presentar su novela en Colombia?

Amazon dice que mis libros se editarán en Colombia en 2036. Algo extraordinario sucederá ese año. Por ahora, mientras mis libros sigan sin editarse aquí, me ahorro ese estrés. Además considero que las presentaciones de libros son jerárquicas, reverenciales y absurdas.

¿A qué edad empezó su pasión por los libros?

Siempre leí. Es un sentir. No recuerdo la época en la que no sabía leer. Pero empecé a escribir a los 12 años, diarios sentimentales, subjetividad abominable, y una descripción de la vida local que por entonces tenía que ver con los muertos.

¿Qué pasó con esos diarios?

Cuando me vine a estudiar a Bogotá mi mamá tiró al reciclaje un cargamento de inútiles escolares. Entre esos objetos acumulados iban mis cuadernos del diario. Entonces escribí mi primera ficción a los 19 años. Era una novela sobre un crimen colectivo: los paramilitares mataban a un poeta a causa de chismes y habladurías sobre el consumo de drogas.

¿Quiénes lo fueron sumergiendo en este apasionante mundo de la imaginación?

Me hundí en ese barco yo mismo. Pero me acompañaron mis amigos, una banda de borrachos que amaban la poesía. Éramos provincianos, estábamos aislados de todo, pero vivíamos la literatura con apasionamiento.

¿Cuáles fueron los temas de sus primeros cuentos?

Temas infantiles, tragedias sentimentales y después la historia secreta de mi familia.

¿Cuáles fueron sus primeras lecturas de grandes escritores?

Los libros que me robé de la biblioteca pública. Aún los conservo. Entre ellos están: Las naranjas de Hieronymus Bosch, de Miller; Viaje al fin de la noche, de Céline, y Las palabras, de Sartre. También, aunque no me los robé, los clásicos del siglo XX editados por Oveja Negra. Entre muchos otros.

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