Daniel Ferreira, Viaje al interior de una gota de sangre

febrero 12, 2013


por: A. Martínez [21 feria internacional del libro de Cuba]
http://feriadellibro.cubaliteraria.cu

Algunos escriben, digamos, por impudicia; porque jamás les alcanzaría el tiempo y el espacio de una vida para mostrarse, darse enteros; ellos que son uno con el universo, que son todas las cosas y los hombres del mundo a la vez. Otros escriben, digamos, a causa de una timidez mitocondrial y asfixiante; porque se adivinan nada, piedra en el fondo del río, partícula de sal en el golfo del tiempo; sufren su propia lucidez y lloran con esa voz ventricular que es la escritura.

Daniel Ferreira –ganador del Premio ALBA Narrativa 2011– me pareció enseguida del segundo tipo de escritores. Lo escuché leer algunos fragmentos de su novela La balada de los bandoleros baladíes y su voz coja, trastabillante, vagarosa me dio casi pena. El hombre se encimaba sobre las páginas del libro; lo tomaba y lo acercaba a su rostro como si fuera a besarlo; pero seguía leyendo, sin mucha vista.

Leía algo que no ocurría en ninguna parte, sino en la mente de alguien. Confusión, desasosiego, una multitud de personas y cosas revueltas en el cerebro de un ser atormentado, tal vez demasiado sensible o demasiado golpeado. De cualquier manera, lo que escuché me pareció muy bueno, por momentos alucinantes.

Al terminar la lectura –en predios del Centro Cultural Dulce María Loynaz [La Habana]–, fui hasta él y le pregunté por las cosas que escribía (aunque haya ganado el mencionado premio, aún no he leído nada suyo):

«Me interesa [por ahora] el tema de la violencia cíclica en Colombia, a lo largo del siglo XX. Escribo una pentalogía narrativa basada en algunos de los momentos de esa violencia.»

Y, ¿por dónde va esa saga?
«La balada de los bandoleros baladíes y Viaje al interior de una gota de sangre (ganadora del ALBA Narrativa 2011), ambas novelas publicadas en Cuba en esta Feria del Libro, pertenecen a ese conjunto».

Yo pensaba en las novelas de García Márquez, mientras Ferreira le hablaba a la grabadora. En las historias del Gabo siempre o casi siempre la violencia estaba como un velo filtrando las luces y las sombras del mundo narrado; o como un telón de fondo contra el que se recortan personajes y anécdotas. La violencia ambiental colombiana, como el calor cruzado de auras; las guerras civiles a donde partían o de donde regresaban los hombres convertidos en coroneles… Pero Ferreira trae la violencia social, estructural a primer plano (como G. G. M en Noticia de un secuestro).
Cuenta que ha escrito, por ejemplo, sobre la entrada en el conflicto colombiano, décadas atrás, del paramilitarismo. También sobre «un pueblo asesinado en masa; sobre la vida interna de esas personas caídas en una operación de objetivo múltiple, como eufemísticamente se llama a las masacres. Es especie de crónica metafísica para alcanzar lo que el periodismo no refleja».

La vida o la muerte interna de un muchacho era aquello que escuché durante su lectura asordinada, tímidamente violenta y desconcertante.
Indagué acerca de cómo continuará su pentalogía; sobre qué tiene previsto escribir o sobre qué escribe ahora.
«A mí por una suerte de agüero personal no me gusta hablar de mis proyectos, confesó.»
Yo insistí y para mis adentros maldije todas las supersticiones, excepto dos o tres que no revelaré.
«Bueno, digamos que [en abstracto] me interesan los problemas de tierra de los años setenta; los intelectuales de una generación vinculados a la guerrilla; la Guerra de los Mil Días, a inicios del siglo XX, esa gran conflagración en la que se engendraron muchos de nuestros conflictos.»
Iba a peguntarle algo más, pero el joven autor me interrumpió:
«Los conflictos colombianos tienen, como particularidad, una línea que los conecta uno tras otro; son conflictos sin solución, son heridas abiertas que generaron, lamentablemente, nuevos brotes de violencia cada vez más cruda, más desconcertante.»
Asentí, algo de eso he sabido por algunos libros y por los telediarios.
«Mediante la literatura uno trata de revelar el mapa del país en que ha nacido.»][

Después de eso, me saltó de mi interior un periodista (tonto) que llevo dentro. No quiero imaginar la cara festiva con que pregunté por el premio, por esta feria cubana, como si yo mismo estuviera huyendo de las ráfagas de algún narco o paramilitar o secuaz de gorila o de las patas de los caballos del Coronel, en aquella época en que todavía había quien le escribiera.
Ferreira contestó, como es natural y casi obligatorio, que el lauro le dio mucha alegría.
Yo me quedé masticando la palabra «alegría».
Sin embargo, él, magnánimo, siguió hablando y dijo que la prima en metálico era una recompensa a su trabajo, pero que, sobre todo, el premio ALBA Narrativa era importante porque abría la «posibilidad de romper el circuito de lo meramente local a partir de una edición más amplia. Por supuesto, el concurso aún está en construcción; la idea es que los ganadores logremos, con muestras de buena y esforzada escritura, levantarlo como un premio emblemático, que se convierta en opción para los autores de América Latina y el Caribe, más allá de las elitistas plataformas mediáticas actuales.»

A la Feria (como era previsible) la elogió: por el volumen y variedad de autores publicados.
«He encontrado aquí escritores del este europeo, por ejemplo, antologías de cuentistas polacos; caribeños; e, incluso, colombianos que ni siquiera había conocido en mi país ][La noche del bareño, Mejía Duque, Poesía completa de Angel Escobar].»

Fue lo que hablamos. Y me quedé con dudas sobre su clasificación como escritor porque, después de todo, no me pareció tan tímido, tan trastabillante y corto de vista. Tal vez se reconozca un grano de sal en el océano, pero aun así le da por protestar...][
Daniel Ferreira se contrae, se ensimisma para luego gritar, acaso como todos los escritores…o acaso no.
En fin, que la taxonomía en literatura es siempre una falacia, indefectiblemente una ficción de ficciones; y el lector de estas líneas debió sospechar desde el comienzo precisamente eso: que no encontré otro modo de comenzar.

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