Viaje al interior de una gota de sangre publicada en Cuba

marzo 21, 2012

Por Beatriz Rosales Vicente, Radio Ángulo, Cuba*

Daniel Ferreira

 "Viaje al interior de una gota de sangre", del colombiano Daniel Ferreira, fue uno de los libros presentados en la provincia cubana de Holguín durante la XXI Feria Internacional del Libro. Esta es una novela que explora un motivo recurrente en la literatura colombiana: la violencia en su ciclo infinito, y que además mereció el Premio Alba Narrativa 2011. Uno de sus valores es cómo los personajes se ven condicionados en un vórtice de agresiones reiteradas, y cómo el autor logra establecer un suspenso constante en la trama. Acerca de este libro, su autor ofreció detalles a Radio Ángulo Digital.

¿En cuánta medida la violencia, como fenómeno social de gran magnitud, te provoca como escritor?

Daniel Ferreira: “Yo nací en una sociedad que ya estaba, digamos, en este estado de descomposición del tejido social. Nací en un pueblo marcado por la violencia guerrillera y paramilitar de los años 80. Uno empieza a escribir y con los años encuentra un patrón común. Cuando me di cuenta mi primera novela era una exploración sobre esa época, y bueno, después de un proceso, de irle devastando errores a una pieza narrativa, terminó el argumento centrado en ese tiempo y en ese paisaje. Además, la violencia colombiana tiene una particularidad: hoy tenemos el conflicto armado más largo del continente y los picos de violencia a lo largo del siglo XX están unidos como por un hilo conductor. Un conflicto ha engendrado al otro, lo ha complejizado y ha hecho nacer una barbarie aún más escabrosa que la anterior”.

¿Cómo describirías esta novela?

D. F: “Es una exploración de una matanza desde la ficción, por supuesto; el primer capítulo está escrito en clave de crónica: se relata paso por paso cómo un grupo armado llega a un pueblo en el momento en que están haciendo una fiesta popular, reúnen a la gente en la plaza, pasan una lista y van seleccionando a personas, y luego pasan, digamos, al martirologio: asesinarlas frente al público. Sigue los patrones de incursiones que sí ocurrieron en la época. Quizás podría decir que está anclada a una plataforma histórica, pero lo que se está es aplicando procedimientos que uno reelabora estéticamente. Al empezar a escribir yo había confundido un poco la memoria familiar -que hubiera podido ser lo testimonial- con la ficción que es esta crónica metafísica sobre una matanza. Al quedarme con la ficción creo que hice una buena elección”.

¿Cuáles son las posibilidades que te da la ficción, en este caso, para expresarte?

D. F: “La ficción lo que permite es la ruptura de las temporalidades, abordar la subjetividad de un personaje. No puedes saber qué piensa una persona en el momento en que la van a matar. La literatura puede ir hasta allá, puede abordar por un instante cuáles son las ilusiones, qué es lo que contiene toda una vida que va a ser segada. Eso es algo que el periodismo no puede hacer, porque no lo puede inventar. Las palabras, la literatura, la metáfora, el hecho de orquestar y hacer estético un hecho de violencia, le permiten a usted acceder a otra dimensión de pensamiento”.

¿Qué mencionarías entre lo más complicado de esta novela?

D. F: “Hay personajes con doble conflicto, no sólo son asesinados. Hay, por ejemplo, un profesor de escuela que no sólo está viviendo el último día de su vida, sino que tiene un problema de inconformidad con su cuerpo; tiene un vacío en la memoria familiar que es lo que ha estado tratando de recuperar. Para todo esto hay que mezclar muchos argumentos desde pequeñas estructuras, y fue precisamente lo más complicado de esta novela”.

Satisfacciones…

D. F: “La satisfacción es verla publicada por fin, sentir que se me acercan personas y me comentan algún aspecto sobre un personaje, y la satisfacción de que me digan que llegaron hasta la última página. Fue uno de los primeros textos de más largo aliento que yo empecé a escribir. Era un manuscrito bastante extenso, con muchas más historias entretejidas que, en los procesos de eliminar borradores, se fueron depurando. “Me ha marcado, seguramente, aunque sea por el trabajo que costó escribirla. Hoy estoy satisfecho con el texto. Al abrirlo, sin embargo, vi par de palabras que hubiera podido tener la precaución de haber cambiado, pero creo que todos los escritores pasamos por eso”.

Y este “Viaje…” te llevó al Premio Alba Narrativa

D. F: “El premio me permite pasar las fronteras de lo meramente local, que tenga la posibilidad de circular en otros lugares, con otras costumbres, con otra forma de ver la vida, y es una oportunidad de foguearse también como escritor. Por lo menos en mi país un autor joven, con una primera o segunda novela, no tiene más de 1 000 ejemplares cuando es editado. Y mil ejemplares para un país de 44 millones de habitantes no llegan a donde uno quisiera, pese a que uno trate de ponerla a circular [la novela]entre lectores probados. Para mí es sorprendente que la novela tenga un eco internacional”.

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